Identificación de candidatos
No todo conviene automatizar. Buscamos lo repetitivo, con reglas claras y volumen suficiente para que el ahorro justifique el trabajo.
Hay tareas que una persona hace todos los días, siempre igual, copiando de un lado a otro. Ese trabajo no necesita criterio: necesita que lo haga un sistema, para que la persona use su tiempo en lo que sí lo necesita.
No todo conviene automatizar. Buscamos lo repetitivo, con reglas claras y volumen suficiente para que el ahorro justifique el trabajo.
Que el dato viaje solo de un sistema al otro, en el momento en que tiene que viajar, sin que nadie lo copie.
Procesos que se disparan solos ante un evento: un pedido que entra, un remito que se firma, un archivo que llega.
Avisos antes de que el problema pase, no después. Un stock que va a faltar, un pago que vence, un pedido que se está demorando.
Los flujos corriendo en producción, más la documentación de qué hace cada uno, con qué dispara y a quién avisa si falla. Una automatización que nadie sabe cómo funciona es una bomba de tiempo.
Si el proceso todavía cambia todos los meses, automatizarlo es congelar algo que no está definido. Primero se estabiliza el proceso; después se automatiza.
Casi nunca. La mayoría de las automatizaciones se montan sobre lo que ya está funcionando.
Se diseña para avisar. Todo flujo que entregamos incluye qué hacer si falla y a quién le llega el aviso.
Depende del volumen. Lo medimos antes de empezar: cuántas veces por semana se hace la tarea y cuánto lleva cada vez. Si no cierra, te lo decimos.
Una hora con tu equipo para entender la situación. Salís con una lectura honesta de por dónde empezar, sin compromiso.